LA LLAMADA DE LA HABITACIÓN 313
🕯️ La llamada de la habitación 313
Por Jazmín C. – Susurros desde la Cripta
> "No hay nada ahí dentro... hasta que hay algo."
Clara reservó la habitación 313 a las 3:13 de la mañana, como si el destino tuviera sentido del humor. Buscaba material para su nuevo podcast, “Entre el miedo y la mente”, y el caso del Hotel Santa Margarita parecía perfecto: leyendas urbanas, fenómenos inexplicables y, según foros polvorientos de Reddit, una habitación maldita que no debería existir.
Al llegar, el recepcionista apenas alzó la vista.
—No tenemos habitación 313.
Clara sostuvo el correo de confirmación.
—Entonces, ¿por qué tengo esta reserva?
—...Buena suerte —fue lo único que respondió, deslizando una llave oxidada por el mostrador.
Subió sola por las escaleras. El tercer piso parecía más viejo que el resto del hotel. La alfombra estaba húmeda. No sucia… húmeda. Como si alguien la hubiera regado con lágrimas.
La puerta de la 313 estaba entreabierta.
Un leve crujido.
Un murmullo.
Al encender su grabadora, Clara habló con tono burlón:
—Día uno: entrando en la infame habitación 313. Huele a encierro. Cero fantasmas.
La puerta se cerró sola detrás de ella.
Pasaron los minutos. Luego las horas.
La habitación era… normal. Demasiado normal.
Hasta que revisó la grabación.
La voz que hablaba no era la suya.
Era más aguda. Más... infantil.
> —Hola, Clara. ¿Me trajiste mis ojos?
El cuarto se congeló. La ventana crujió, aunque no había viento.
La puerta estaba cerrada con llave.
Y en la pared, con la humedad que chorreaba del techo, apareció un número: 3:13
El reloj en su celular marcaba exactamente eso.
Y entonces, el teléfono del cuarto sonó.
Riiiiiiing.
Una.
Dos.
Tres veces.
Clara dudó.
Al cuarto timbrazo, contestó.
> —Te encontré.
La llamada no venía de recepción.
Ni del exterior.
Venía desde el clóset.
La puerta de madera tembló.
Alguien… o algo… comenzó a cantar del otro lado.
> 🎵 Uno, dos, ya voy por vos...
Tres, cuatro, tus ojos voy a guardar… 🎵
Clara retrocedió, pero su cuerpo no respondía.
Solo pudo mirar cómo el pomo del clóset giraba lentamente.
Grabadora en mano, logró decir entre dientes:
—Día uno… habitación 313… no entren…
El archivo se corta aquí.
El celular fue encontrado fuera del hotel, sin huellas.
Clara no.
Dicen que a veces, por las noches, los nuevos huéspedes escuchan la misma voz en el teléfono del cuarto contiguo:
> —¿Me trajiste mis ojos…?
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