“El Día en que las Luces Volvieron a Brillar” ✨

En un rincón muy especial del más allá, donde el aire olía a pan dulce y las mariposas parecían hechas de papel picado, existía un pueblito mágico llamado *Xochitlán del Recuerdo*. Allí vivían los espíritus de los animalitos que alguna vez habían sido amados en la Tierra.

Cada Día de Muertos, las calles se llenaban de luces, flores y canciones. Los gatitos se colgaban collares de cempasúchil, los perritos hacían carreras entre las velas y las abejas zumbaban felices sobre los altares que los humanos les habían preparado.

Entre ellos vivía *Luna*, una conejita blanca de orejas largas y corazón curioso. Aunque todos celebraban alegres, Luna se sentía un poquito triste. Ella no recordaba si alguien aún la esperaba allá arriba, en el mundo de los vivos.

—¿Y si ya me olvidaron? —susurró, mirando el río de pétalos que separaba los dos mundos.

De pronto, entre las luces apareció una pequeña calaverita… ¡pero no era una calavera cualquiera! Era *Calaverito Chispa*, un zorrito de huesitos brillantes que usaba un sombrerito hecho con hoja de maíz y una flor en la oreja.

—¿Por qué esa carita triste, Lunita? —le preguntó con una voz que sonaba como campanitas.

—Es que… no sé si alguien me recuerda. Si nadie me pone en su ofrenda, ¿seguiré existiendo aquí?

Chispa se rió con dulzura, y sus ojitos de fuego titilaron como luciérnagas.

—Ay, conejita de nube, no hace falta estar en una foto para ser recordado. Mientras alguien piense en ti, aunque sea por un instante, tu luz nunca se apaga.

Entonces la llevó a la colina más alta del pueblo, donde el cielo parecía un lago invertido. Desde allí podían ver cómo, en la Tierra, miles de velitas se encendían en las ofrendas.

—Mira, ¿ves esa luz que brilla junto a una foto de una niña? —dijo Chispa—. Esa es para ti. Esa pequeña aún guarda tu peluche, y a veces le dice buenas noches pensando en ti. Por eso tu estrella sigue encendida.

Los ojos de Luna se llenaron de lágrimas que parecían cristalitos de luna.

—¿Entonces nunca nos vamos del todo?  
—Nunca, —respondió Chispa con una sonrisa luminosa—. Los que amamos dejan huellas que ni el viento del tiempo puede borrar.

Luna abrazó al zorrito y juntos bajaron corriendo entre las flores, dejando un rastro de chispas doradas. Esa noche, en *Xochitlán del Recuerdo*, las luces brillaron más que nunca, y todos los animalitos bailaron sabiendo que el amor —como el Día de Muertos— nunca termina, solo se transforma.

Y desde entonces, cuando una vela titila o una flor se abre más temprano, dicen que son Luna y Chispa, recordándonos que la memoria es el verdadero puente entre los mundos. 🌼🕯️✨

Dicen que cada vez que el viento mueve una flor de cempasúchil, una pequeña alma sonríe en *Xochitlán del Recuerdo*.  
Porque los que amamos no se van, solo cambian de casa… y siguen viviendo en la memoria de quienes los piensan con el corazón. 🕯️🌼✨


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